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El Despertar

El DespertarSonia no sabía si esa sensación de malestar indefinido, ese miedo camuflado de prevención adecuada que los seres humanos apreciamos como cierta, ese querer y negar, eran parte de su personalidad. Aquella que con tanto esfuerzo había edificado buscando bases seguras, alejando la incertidumbre y los riesgos. Se creía muy capaz, se esforzaba en hacer todo muy bien y en dar siempre la mejor imagen, así estuviera muriendo por dentro.

Mucho tiempo empleó contándole sus problemas a sus amigas una y otra vez, escuchando diferentes respuestas, que la confundían más: "Cómo te aguantas eso? ¡Sepárate ya!" "Hay que tener paciencia, los hombres son así y es mejor malo conocido que bueno por conocer. No lo pierdas por un mal momento". "Pues desquítate, trátalo con hipocresía mientras le sacas platica y la guardas tú", "Amiga, otra vez con el mismo cuento? deja el drama".

Hasta que una profesora del colegio de su hijo mayor la citó para comentarle las dificultades del niño en la escuela. Al final le recomendó acudir a la psicóloga del colegio, quien la escuchó atentamente, como tal vez nunca le había ocurrido y la remitió a otra profesional experta en conflictos familiares, que atendía en la EPS.

Pero esa Psicóloga no le daba la razón, no la compadecía, no le decía qué hacer… Se limitaba a escuchar y hacer preguntas incómodas que la ponían contra la pared y ella buscaba ansiosamente respuestas, para eso pagaba y sacaba tiempo para asistir a cada cita. "Si el malo es él y no es mi culpa, no soy yo!"

Entonces una pregunta en especial atravesó su corazón: "Sonia, esta noche cuando estés a solas, mírate al espejo, observa a esa mujer que está frente a ti, mira a sus ojos, busca su alma y pregúntate quién es ella, qué quiere, qué necesita, qué la hace feliz".

Nunca había pensado en esto. Se miraba al espejo para maquillarse cada mañana, cubriendo con base facial las ojeras que detestaba y que siempre cercaban sus ojos, o para asegurarse de lucir el atuendo perfecto. Ahora, esa mujer que tenía enfrente le resultaba desconocida, incluso desagradable.

Al principio con dudas, que dieron paso a la curiosidad y luego a la exploración, Sonia fue conectando poco a poco cada emoción negada con situaciones concretas de su vida en las que no se sintió a gusto, apreciada y querida por quien ella sencillamente idolatraba y que creyó normales, que soportó pensando que las merecía.

Entendió que lo que había querido hasta entonces era que la aceptara y amara al precio que fuera, que para conseguirlo se tragaba literalmente su frustración y se cubría de aparente indiferencia, de renovada complacencia malévola, porque descubrió además que ponía en práctica pequeñas venganzas para castigar a ese hombre tan amado y tan odiado, que le ocasionaban a la vez placer y culpa.

Le tomó mucho tiempo, paciencia e introspección comprender que en el fondo, ella no se creía en verdad valiosa y era la primera que realmente no se gustaba, no se conocía, no se amaba. Entonces emprendió ese viaje al interior de nosotros mismos que todos nos debemos en la vida, para encontrar cómo afrontar los desamores, apreciar la belleza y construir la propia fortaleza.

Escrito por: Luz Jenny Vargas